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A muchas personas les resulta extraño escucharse por primera vez. Es algo normal debido a la falta de costumbre: cuando hablamos, nuestra voz sale de dentro de nosotros y tenemos una percepción distinta de ella que el oyente en cuestión porque la escuchamos «desde dentro», mientras que dicho oyente lo hace «desde fuera». Son los demás, por tanto, quienes escuchan nuestra verdadera voz. Por eso nos impacta más cuando logramos escucharnos a través de un medio que no seamos nosotros mismos, como pueden ser unos altavoces o un video.
¿Cómo afecta esto en la adolescencia? ¿Cómo de importante es este instrumento en el ámbito docente? Ah, por cierto: el último apartado te va a sorprender.
La temida adolescencia y los cambios en la voz
Los niños y adolescentes, evidentemente, tienen menos vida y experiencia que los adultos, por lo que todavía no han tenido práctica suficiente para acostumbrarse a escuchar su voz, y mucho menos a hablar en público (a menos que desde pequeños estén acostumbrados a participar en obras de teatro, cantar en algún coro o demás actividades del estilo). No obstante, en la etapa infantil los niños son por lo general más propensos a expresar sus emociones y a participar prácticamente en cualquier cosa, precisamente, por la falta de experiencia y desconocimiento de muchos aspectos de la vida.
A medida que crecen y llegan a la temida «edad del pavo», van surgiendo prejuicios, miedos y complejos, todo ellos muy propios de esta época. Esto, sumado a las transformaciones sociales, físicas, emocionales y psicológicas, dificulta el desarrollo positivo de su autoestima y, en consecuencia, puede aumentar todavía más ese miedo a hablar en público. Además, la voz sufre un cambio considerable en la adolescencia (más en los hombres que en las mujeres), lo que también genera mayor inseguridad a la hora de hablar en público porque se tienen que acostumbrar a ella de nuevo.
En muchas ocasiones, este miedo/rechazo a hablar delante de otros es debido a que no fueron acostumbrados a ello desde pequeños, que no les dejaron cuando quisieron, o simplemente porque no tuvieron esa oportunidad. Por ello, es importante inculcarle al niño mucha seguridad y confianza en sí mismo desde un principio. Darle libertad para equivocarse cuando habla y no convertir el percance en un «error fatal», enseñarle a expresar lo que piensa y siente sin miedo al «qué dirán», motivarlo a hablar de diversos temas, estimular su curiosidad e interés en el habla y acostumbrarlo a escuchar su propia voz desde temprana edad, paulatinamente pueden ayudar a que vaya perdiendo esa especie de «rechazo» hacia su propia voz. Así, en la adolescencia, es muy posible que, pese a las adversidades que implica esta etapa de la vida, sea capaz de superarlas de mejor manera.
La importancia de la voz en la docencia
Los profesionales de la docencia pasan la mayor parte de su tiempo hablando, bien sea explicando, resolviendo dudas, corrigiendo oralmente ejercicios, etc. La manera en que utilizan su voz es determinante para que el alumnado se sienta más atraído por el tema en cuestión y evitar que «se duerma» (literalmente en ocasiones). Ya que los profesores son personas cuya voz es uno de los elementos fundamentales a la hora de realizar su labor, sería de gran interés que dominasen ciertas destrezas comunicativas, tales como el timbre, la dicción o el tono que emplean. Trabajo que solo se consigue con constancia y durabilidad en el tiempo, pero cuyos resultados pueden ser esenciales para lograr una transmisión eficiente de la información.
Imagina que te suspenden por la voz que tienes. Ahora no lo imagines: ha ocurrido
Cuando estaba cursando el Grado en Música, concretamente en la asignatura de Pedagogía Musical, una compañera había comentado que conocía a una profesora de coro que suspendía a los niños cuando les cambiaba la voz y ya no cantaban igual y que, para salvar la asignatura, les ponía trabajos teóricos. En mi mente sonó automáticamente un LOL, así, en mayúsculas. ¿Suspenderlos por eso?
Personalmente, no consigo entender del todo cómo un profesional de la música como lo puede ser un profesor de coro suspenda a sus alumnos por algo de lo que ellos no tienen la culpa. A fin de cuentas, el cambio en la voz es algo que sucede sí o sí, forma parte del crecimiento y desarrollo humano. Es algo que todos sabemos, pero imagino que las personas que se dedican a esto deberían saberlo mejor que nadie, ¿no?
Por otro lado, me parecería una buena idea buscar alternativas para estas voces que se encuentran en proceso de cambio: percusión corporal o dramatizaciones pueden ser una buena alternativa temporal mientras los jóvenes están «mudando» su voz. Incluso asignarles una obra cuya tesitura se adapte mejor a la de ellos o, junto con sus otros compañeros, que canten la misma pieza en la tesitura que se sientan más cómodos (una octava por debajo respecto al tono original, por ejemplo). De esta forma, los alumnos seguirán sintiéndose «útiles» (por decirlo de alguna forma) y hasta puede llegar a ser divertido y enriquecedor para ellos, pues estarían haciendo algo distinto a lo que están acostumbrados.
Retomando lo de los suspensos, a mi modo de ver, un trabajo de teoría no me parece la mejor opción para que los alumnos recuperen la asignatura en verano. Después de todo, lo que más hacen es cantar, y es por lo que están en el coro. No soy profesora de canto ni he dirigido nunca un coro, por lo que no voy a atreverme a cuestionar mucho la decisión de este profesor. No obstante, hace años sí formé parte del coro de mi instituto y, desde el punto de vista del alumno, me imagino cómo sería la situación para los afectados y, ciertamente, creo que si me llegase a suceder a mí también me desmotivaría considerablemente. Me sentiría culpable por algo que no puedo controlar, lo que resultaría muy frustrante y, en consecuencia, podría llegar a plantearme el abandono de la actividad. Creo que sería mejor para evitar esto que al alumnado afectado se le propusiese un trabajo más práctico acorde a los cambios que está sufriendo, que no le supusiera un problema en la interpretación. Y sobre todo, también considero muy importante hacerles entender que no es culpa de ellos lo que les está ocurriendo, que es algo normal, y motivarlos a conocer su nueva voz y a seguir cantando.
La voz es un instrumento que nos acompaña allá donde vayamos y que dice mucho de cómo nos sentimos. Aunque quisiéramos ocultarlo, resultaría muy complicado porque de una forma u otra nos acabaría delatando.

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