La creación artística como objeto de mercado

Soy de las personas que no entienden cómo algo tan bonito como el arte puede estar tan infravalorado en la sociedad en la que vivimos. Es como si dedicarse a este mundo fuera una pérdida de tiempo, lo típico de que se ve como un hobby más que como una profesión. He conocido a personas que, hablando con ellas, me han llegado a insinuar que compositores, organizadores culturales y demás profesionales de la música, aunque no exactamente con estas palabras (pero es lo que he sacado yo en claro de las suyas), no son más que «bufones» que están para entretener a los demás que «sí trabajan».

A día de hoy, al menos en mi entorno, sigo notando esa diferencia de «si eres de ciencias, qué listo eres y cuántas salidas profesionales vas a tener; si eres de letras, eso no sirve para nada y te vas a lo fácil». Yo lo he sufrido hace unos años: cuando iba en bachillerato y me preguntaban «¿y tú eres de ciencias o de letras?» (a mí nunca me gustaron las etiquetas, pero bueno), me daba cosa decir «de letras» porque ya conocía la respuesta. De hecho, aunque desde que comencé la ESO sabía que quería dedicarme a la música, no comenté nada a nadie hasta que hice el selectivo precisamente por eso, porque quería ahorrarme las críticas de «ay, eso es de tontos», «ay, eso sirve solo para profe de música, ¿no?», o incluso una frase que recuerdo literal y que la dijo una persona cercana a mí:  «los artistas son unos muertos de hambre».

No sé si te ha ocurrido alguna vez, pero yo me he fijado en que, pese a que tanto Humanidades como Artes no suelen estar tan bien vistas como las ciencias, las artes las ven como «más tontas» que las humanidades, como si solo fuera cosa de tocar la flauta y ya. No lo digo por presumir ni fardar, pero la verdad, el grado que estudié me ayudó a adentrarme en el mundo musical desde muchos aspectos, no solo en lo típico de historia de la música, solfeo y demás temas que se puedan tratar en el conservatorio o en el colegio/instituto. Descubrí muchas salidas profesionales relacionadas con la música, tanto directa como indirectamente, que antes desconocía porque no están tan visibilizadas como otras (pero eso no quiere decir que sean menos importantes, ni por asomo). Además, una de las ventajas de haber estudiado online es que, precisamente por no ser presencial, pude conocer a muchas personas de distintas partes del mundo con las que compartir la misma pasión y con ideas y conocimientos  muy interesantes y enriquecedores, lo que considero que no solo nos ayuda a mejorar como profesionales o futuros profesionales de la música, sino también como personas.

 

La industria musical y el mercado

Creo que es más que evidente que la industria musical fue una de las más afectadas por la pandemia (lo cual, sumado a que por lo general no es precisamente de las más valoradas, supuso una gran caída para el sector). De hecho, la música en vivo sufrió pérdidas económicas que superaban los miles de millones de euros. Es por ello que el Ministerio de Cultura y Deporte tomó en su momento la decisión de triplicar las ayudas para este sector.

Sin embargo, en el ámbito digital, el streaming y las plataformas musicales vieron su oportunidad de crecer en esta situación y se registró un aumento del porcentaje de ingresos en comparación con el año 2019. Aquí puede apreciarse la diferencia entre la música online y en vivo: se está avanzando hacia una sociedad más digital y, además, la pandemia propició que la gente se mostrase más reacia a recuperar las ganas de ir a conciertos o festivales.

Yo pienso que nada puede sustituir a la música en vivo. Las plataformas digitales están bien para escuchar música mientras se hace ejercicio, para amenizar una jornada laboral o simplemente para desconectar un poco en un rato libre que se tenga, por ejemplo; pero me parece muy grande la magia de presenciar una representación in situ, poder ver tan de cerca la emoción de los intérpretes y emocionarnos con ellos.

Consumir arte. Repito: CONSUMIR ARTE

Sí, ya sé que en mayúsculas impresiona más y le da un aspecto dramático. Pero si te paras a pensarlo, ¿qué es en verdad eso de «consumir arte«? Se trata de un concepto comúnmente utilizado y que a mí, sin embargo, se me hace raro emplear. No me gusta «consumir» arte, como si se tratase de un bocadillo o de un bote de champú que se termina. Prefiero disfrutarlo más que «consumirlo».

Francisco Ayala trató hace años este tema en uno de sus artículos de opinión publicados en el periódico ABC. Pese a que ya tiene unos cuantos años, me ha parecido muy interesante y quería compartirlo. Como broche a esta entrada, te dejo el enlace para que puedas consultarlo:

Francisco Ayala: El arte como objeto de consumo. ABC


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