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La unión de la tecnología y de la composición musical es un tema especialmente relevante en la actualidad y reflexionar sobre ello es imprescindible para los profesionales del sector, pues hay que tener en cuenta que prácticamente todos los que estamos en el mundo de la música hemos recurrido, si no siempre, alguna vez a la tecnología para componer nuestras obras.
Historia y evolución de la tecnología en la composición tradicional
La incorporación de la tecnología a la composición tradicional tiene sus orígenes en Strauss, Schoenberg o Russolo, que comenzaron a utilizar en sus creaciones sonidos de máquinas y de instrumentos que se consideraban alejados de los «tradicionales». Posteriormente, corrientes musicales vanguardistas como la música electrónica y la electroacústica, consolidaron el uso de la tecnología como herramienta utilizable en los procesos creativos.
Con el tiempo, las ventajas que ofreció la tecnología en la música fueron varias: por ejemplo, la edición y distribución de partituras se simplificó dado que ya no era necesario escribirlas a mano e imprimirlas una por una y buscar editoriales que las distribuyesen. En su lugar, ahora se pueden editar en editores de partituras como MuseScore, Sibelius o Finale (los hay que incluso son online, como Noteflight, así que ni siquiera sería necesario descargar un programa) y distribuir por email, redes sociales u otra plataforma las copias que se deseen para que sean accesibles a todo el mundo (anteriormente no todos tenían la facilidad de conseguir una partitura, disponer de recursos para escuchar música o asistir a un concierto como en la actualidad).
¿Producción musical profesional (o casi) en casa? Ahora es posible
Otro punto importante es que, hoy en día, prácticamente cualquiera puede tener su estudio de grabación en casa sin gastarse mucho dinero y con una calidad de sonido bastante decente. Son suficientes un DAW, un micrófono, plugins/VST, una tarjeta de sonido, unas condiciones acústicas mínimas y también un mínimo de conocimientos para poder llevar a cabo la tarea. No obstante, ¿esto hasta qué punto podría ser bueno? Es decir: si cualquiera tiene acceso a medios para hacer esto, teniendo en cuenta, además, guías y tutoriales que se pueden encontrar en Internet para realizar prácticamente cualquier cosa, ¿no quedaría infravalorada en cierto modo la tarea de los productores musicales y demás personal? Da un poco que pensar, ¿no?
Esta cuestión se relaciona también con una idea recurrente en el debate musical contemporáneo: la sensación de que está prácticamente todo explorado en la música y su consecuente estancamiento musical. Sobre esto, hace un tiempo descubrí una entrevista que le hicieron a Eneko Vadillo, que tuve la suerte de que fuera mi profesor de la asignatura Grabación, Mezcla y Masterización cuando estudiaba el Grado en Música. Aunque la entrevista se centra principalmente en su libro y en su trabajo monográfico, en ella también comenta lo siguiente:
Hemos llegado al final de un tipo de historia de la música. Salvo que se empiecen a explorar otros elementos inexplorados, y alguien haga algo con la micromicrotonalidad o vayamos al continuo pianissimo extremo. Bueno, vale. Se puede ir al extremo que te dé la gana, pero en realidad todo está ya muy hecho. La cuestión ahora es cómo recombinamos los elementos. (Citado en Vayón, 2020).
De igual forma, relacionado con los temas que estamos tratando en este artículo, explica que trabaja con un software de programación llamado OpenMusic, destinado a la composición musical. Es más o menos un estilo de PureData, pero utilizando cálculos matemáticos para obtener armonías y diferentes estructuras musicales.
En su día la leí completa y me pareció bastante interesante, la verdad. Aparte de los ya mencionados, trata temas como las influencias musicales que tiene y los compositores en los que se inspira, sus profesores en el colegio (cada uno creía que x compositor era el mejor) y cómo es la vida de un compositor en España, entre otros. Accede a la entrevista desde aquí para que puedas leerla si quieres.
¿Puede la tecnología sustituir por completo a los métodos tradicionales?
Yo pienso que no es igual escribir la partitura a mano que en pantalla. La segunda puede resultar más útil para hacerlo rápidamente, que quede la partitura visiblemente más «profesional» (por así decirlo) y, además, se puede ir escuchando lo que se va componiendo para saber si nos convence y, en caso de no hacerlo, poder cambiar en el momento aquello que no lo haga. Sin embargo, yo personalmente soy más partidaria de componer de forma tradicional, lápiz y papel en mano; al menos en el primer contacto con la obra en cuestión, para hacer el borrador. Creo que, aunque el proceso es más largo y requiere un esfuerzo por parte del compositor para que vaya sonando en su cabeza lo que va escribiendo, el hecho de escribirlo uno mismo sin teclados de por medio ni pantallas hace que se sea más consciente de lo que se está haciendo.
A nivel cognitivo, la escritura a mano presenta múltiples beneficios. Así lo afirma la coach Aldara Martitegui en su artículo publicado en Nius Diario, donde comenta que «al crear esta huella en nuestro cerebro mejoramos nuestra memoria, tenemos más posibilidades de recordar esa información y como consecuencia aprendemos más» (2019). Aunque en realidad con esto se refiere a la escritura de palabras y no a la musical, considero que guarda relación con este tema y que se puede extrapolar.

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