Uno de los retos a los que se enfrentan los autores de literatura infantil es al de narrar lo irreal de manera que parezca real a través de la exploración de la creatividad. Los cuentos o relatos infantiles utilizan la estructura canónica de la narración (es decir, planteamiento, nudo y desenlace) y la síntesis es un requisito sine qua non.
Hoy quiero compartir contigo un pequeño cuento que escribí hará cosa de un año: La mascota de Samy, pensado para niños de, más o menos, entre cinco y siete años. Mezcla lo cotidiano con la fantasía, trata temas como la amistad y la confianza y, además, he procurado que el lenguaje fuera lo más sencillo y claro posible para adaptarlo a este rango de edad. Puedes compartirlo con los más pequeños de la casa, en sesiones educativas o en un rato en familia. ¡Espero que lo disfrutéis!
Samy era una niña que tenía una mascota muy especial: un dragoncito llamado Rolo. A Rolo le encantaba ir al cole con ella porque aprendía mucho. Pero nadie sabía que existía y, como era un dragón muy pequeño, su amiga humana lo escondía en la mochila y tenía cuidado de que no se hiciera daño.
Una mañana, cuando estaban todos en clase esperando a que la profe llegase, Rolo quiso salir de la mochila a explorar su alrededor. ¡Menos mal que Samy se dio cuenta a tiempo! Antes de que saliese por completo, se acercó a él y le susurró:
– Rolo, tú no puedes salir porque te pueden ver. Quédate dentro.
El pequeño dragón obedeció a su amiga humana. Se metió de nuevo en la mochila, pero… ¡con la mala suerte de que se le quedó la colita fuera! Los compañeros de Samy se dieron cuenta enseguida.
– ¡Samy tiene un lagarto en la mochila! – exclamó uno de ellos.
– ¡Qué asco! – dijo otro.
– No es un lagarto. Es un dragón – confesó Samy.
– No te creemos – respondió un compañero.
– Los dragones no existen – dijo otro.
Para que sus compañeros la creyesen, Samy abrió la mochila y les enseñó a Rolo. Todos se quedaron con la boca abierta al verlo.
– La profe no puede saber nada – les pidió Samy -. A él le gusta mucho aprender pero, si lo descubre, seguro que no lo dejará volver.
Todos prometieron guardar el secreto. Así, Rolo pudo seguir yendo a clase y, con ayuda de sus compañeros, Samy mantuvo a salvo al pequeño dragón, que disfrutaba mucho aprendiendo y jugando con sus nuevos amigos humanos.


Deja un comentario