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Quiero comenzar esta entrada con la cabecera de una noticia publicada en El País que lleva el siguiente título: «La recaudación mundial por derechos de autor disminuye casi un 10% debido a la pandemia». A mí me dio que pensar en su momento.
A estas alturas, todos sabemos de sobra los estragos en todos los aspectos que ha ocasionado esa crisis sanitaria. En concreto, el ámbito musical se ha visto especialmente afectado. Según esta noticia, los espectáculos en vivo redujeron un 45% sus ingresos, llegando a perder hasta 1.600 millones de euros. Por su parte, los conciertos perdieron el 55% de su recaudación.
¿La salvación de la música? ¿O su perdición?
Afortunadamente (aunque para los verdaderos amantes de la música no es lo mismo que asistir y escucharla en directo), las redes sociales y el streaming «salvaron» en cierto modo a la música en los meses más críticos de la pandemia. A partir de entonces, en referencia al streaming, esta nueva forma de consumo audiovisual se disparó. De hecho, de acuerdo con un informe realizado por la CISAC (Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores), las recaudaciones de los derechos digitales aumentaron casi un 20%.
No obstante, el presidente de la CISAC, Björn Ulvaeus, cree que el steaming será «la principal fuente de ingresos de los creadores del futuro» y que no es justo el reparto de los ingresos actual porque «no proporcionan en la actualidad una remuneración equitativa cuando se reparten entre millones de beneficiarios».
Me resulta inevitable hacerme la siguiente pregunta: ¿los espectáculos en vivo desaparecerán por completo en un futuro y el streaming llegará a ser la única vía de ingresos rentable? Yo, pese a que es cierto que está teniendo mucho auge y que dudo que se disminuya su consumo, quiero creer que no. Como he mencionado anteriormente, los verdaderos amantes de la música prefieren asistir y escucharla en directo y, por tanto, me atrevería a decir que no van a renunciar fácilmente a la magia que ello ofrece.
En cuanto al resto de información, aparece más detallada en el artículo. Te la dejo por aquí, por si le quieres echar un vistazo:
«La recaudación mundial por derechos de autor disminuye casi un 10% debido a la pandemia». El País
La economía de las superestrellas en Spotify: ¿por qué se da este fenómeno?
Yo creo que uno de los principales motivos por los que esto se da es por el género musical: ahora mismo vende más una canción de pop, reggaeton o trap que una clásica a lo Beethoven o Mozart, por ejemplo. Aunque, evidentemente, hay de todo en todas partes y seguro que hay artistas que se dedican a otros géneros musicales y tienen mucho éxito; pero suelen ser los que menos hoy en día.
En cuanto al resto, es cierto que muy pocos pueden presumir de vivir única y exclusivamente del streaming y de las plataformas musicales pero, a pesar de ello, es una herramienta que hoy en día se podría considerar «obligatoria» para tener la posibilidad de llegar a más oyentes y, en consecuencia, ser más conocido.
La copia de la copia de la copia: si no puedes con el enemigo, únete a él
Los videos verticales de no más de quince o treinta segundos se han convertido en el pan de cada día, una óptima forma de promocionarse. Por este medio, el artista se muestra de manera más personal y el acercamiento con los seguidores/fans es mayor. Según la plataforma, este tipo de formato puede recibir diversas nomenclaturas.
Se ve que los Shorts de YouTube son una copia de los Reels de Instagram, que a su vez son una copia de los videos de Tik Tok. Me parece que algunas plataformas, al ver el éxito que tienen este tipo de formatos, intentan adaptarse para obtener el mismo nivel de éxito y no quedarse atrás. Sin embargo, no creo que sea buena idea que todas se copien entre ellas: en el caso de YouTube, por ejemplo, pienso que es comúnmente conocido por videos más largos, directos, tutoriales, etc. YouTube no tiene una cuota del mercado de video corto tan alta como Tik Tok y, desde mi punto de vista, no sería de extrañar que algún día tengan el mismo destino que las historias de Twitter.
Entonces, si me quiero promocionar a través de videos cortos, ¿qué plataforma debo elegir?
Mi humilde opinión es que cada uno debe escoger la plataforma con la que más comodidad sienta. No se trata de estar presente en todas y cada una de las existentes, sino de elegir la que más nos convenga según nuestro tipo de contenido, la que más nos guste y, sobre todo, mantener una regularidad en nuestros tiempos de publicación.
De todas formas, por lo mencionado anteriormente, yo no utilizaría YouTube Shorts si quiero hacer promoción en este tipo de formatos. Al menos, no en un principio. Me iría primeramente a Tik Tok, que es actualmente líder en los videos cortos, y después usaría los Reels de Instagram, que es quien le está haciendo la competencia al primero más de cerca. Por supuesto, esto se trata de una opinión personal, que no tiene por qué ser la única válida.
Si te ha gustado este artículo, puedes leer también uno relacionado que escribí hace unos meses sobre la creación artística como objeto de mercado.

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