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La música suele asociarse con motivación, expresión y bienestar. Aunque es así la mayoría de las veces, no siempre ocurre en el ámbito escolar. En Educación Primaria, es una asignatura obligatoria y hay niños a los que no les despierta ningún interés.
Al alumnado con TDAH (Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad) le cuesta especialmente mantener la atención en algo en concreto, se distrae con cualquier cosa que tenga delante. Es bastante inquieto y reacciona impulsivamente, sin pensar antes de actuar. La música y la musicoterapia suelen utilizarse a nivel educativo para tratar este trastorno pero, ¿qué pasa si la solución resulta ser el problema? ¿Cómo actuar cuando la música, no es interesante para el alumno? Centrémonos en este artículo en cómo abordar el TDAH en el aula de música.
Cuando la música se convierte en el problema
Este caso no suele ser de los más habituales, pues la mayoría de los niños (y de las personas en general) tienen una respuesta bastante positiva hacia la música. No obstante, tampoco considero que esté de más tratar un caso que, aunque en menor medida, podría darse. Hay que estar preparados para todo.
En primer lugar, sería recomendable averiguar si el niño está siendo influenciado por sus padres para que le guste o un estilo musical en concreto: muchos padres consideran que su género favorito es el mejor y quieren que a sus hijos también les guste. Dicho de otra forma, «cada padre quiere que su hijo sea hincha de su mismo equipo de fútbol», como afirma el director de orquesta británico Jeremy Summerly (citado en BBC News, 2019). Si los hijos se sienten presionados por sus padres para escuchar un género que no les atrae, aparte de generarles rechazo ese género, cabe la posibilidad de que también terminen sintiendo rechazo hacia cualquier tipo de música al considerar una obligación el escucharla.
Podría darse también el caso contrario: los padres no sienten ningún interés hacia la música y el niño crece en eso. Por ello, es importante adentrarlo en ella desde pequeño, pero sin presionarlo a hacer o escuchar nada en concreto. Que sea él, guiado por sus padres y docentes, quien descubra y sienta la necesidad de descubrir canciones, sonidos, instrumentos, etc. Aparte de familiarizarse con ella desde temprana edad, entre otros beneficios, potenciará su desarrollo psicomotriz y serán estimuladas varias áreas del aprendizaje, tales como el razonamiento, la memoria o el lenguaje.
Otro punto a tener en cuenta es si el niño está siendo obligado a estudiarla fuera del colegio. Aunque son indudables los múltiples beneficios de su estudio, hay padres que apuntan a su hijo a clases de música, principalmente, porque tienen la sensación de que eso le confiere estatus al niño; lo hacen solo para poder decir con orgullo «mi hijo estudia música, es un grande». ¿Pero de qué sirve que el niño estudie algo que realmente no le gusta, más aún tratándose de una actividad extraescolar? Eso no hará que se sienta grande. Más bien al contrario: hará que sienta que está perdiendo su tiempo en algo poco productivo para él. Y cuando llegue a las clases de música del colegio, como es de esperar, las aborrecerá.
¿Qué se puede hacer al respecto?
Centrando la atención en las acciones que se pueden llevar a cabo en el aula, algunas de las posibles soluciones son las siguientes:
1. No presentar la música como lo que es. Este tipo de niños dedican gran parte de su pensamiento al juego. Por lo tanto, se puede presentar la clase no como tal, sino como un juego. Las actividades que se vayan desarrollando en el aula serían mini juegos que hay que superar. Si son capaces de realizarlos todos, se les podría presentar como premio, por ejemplo, ver de cerca un instrumento que nunca hayan visto y poder experimentar con él, haciendo que de su interior salgan sonidos maravillosos, al igual que lo hacen los grandes compositores (es recomendable utilizar palabras y un tono que capte su atención, como si lo que les estuviéramos contando fuera sumamente importante y espectacular).
2. Trabajo y participación en grupo. Incluirlos en un grupo de trabajo podría resultar muy interesante. El hecho de pertenecer a un equipo les «obliga» a estar más centrados, ya que sentirían que forman parte de algo y que no están al margen (como podría ocurrir en otra clase cuando se distraen y el resto está atendiendo) y que, además, son una parte importante de ese algo, pues sin su aportación la tarea no estaría completa. La presión sana de sus compañeros para que hagan lo que se les ha asignado también ayudaría.
3. Educación Física en la clase de música. Evidentemente, el aula de música no tiene ni las dimensiones, ni las condiciones, ni los materiales del gimnasio de un colegio. Sin embargo, dado que una de las características de estos niños es la anteriormente mencionada hiperactividad, realizar algunos sencillos ejercicios físicos con música variada de fondo podría ayudar a que se fueran familiarizando con ella y a que comenzaran a verla no como una obligación, sino como una opción que podemos incluir en nuestras obligaciones, una compañera en el día a día. Si se añade música desconocida para el alumnado, posiblemente le preste más atención e, incluso, se sienta atraído hacia alguna en particular y quiera investigar más sobre ella por su cuenta.
¿Qué te han parecido estas ideas? ¿Crees que podrían funcionar? Siéntete libre de dejar tu opinión en los comentarios y, si se te ocurre alguna otra alternativa, ¡bienvenida sea!

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