Educar sin comparar: la clave para una educación más humana

Imagen generada con IA que simboliza un entorno educativo positivo y motivador.

Aunque encuentres este artículo en el apartado «Espacio Música» de esta web, en realidad no solo sirve para la educación musical, sino para poder aplicar a cualquier enseñanza que se te ocurra. Porque la importancia de la vocación docente y los efectos negativos de la comparación constante entre alumnos se ve en todas partes, no solo en el aula de música, y creo que es un asunto que merece atención. ¿Lo exploramos juntos?

Hacer de tu oficio una pasión, no una condena

Creo que sentir pasión por lo que probablemente te vayas a dedicar toda la vida es muy importante para alcanzar esa felicidad a la que todo ser humano siempre aspira. En el caso de la enseñanza, esto me parece sumamente importante: se trata directamente con personas, cada una con su mundo, muy distinto al resto, y de una forma u otra los docentes forman parte de ese mundo y pueden contribuir a formar a las personas que serán en el futuro, aparte de dejar una huella en sus vidas.

Así lo afirma la Organización Montessori Canela Internacional en un estudio realizado hace unos años. Concretamente, Roger Prat (uno de sus miembros), asegura que el docente tiene «una responsabilidad para con los alumnos, pero sobre todo para con la sociedad» (citado en García, 2021). A mi modo de ver, es una gran responsabilidad, y llevar a cabo tal labor sin vocación…, no tiene pinta de ser fácil.

Sin embargo, es cierto que, por los motivos que sean, no todo el mundo se termina dedicando a lo que realmente quiere. En el caso concreto de la docencia, aquellos profesores que no imparten su labor por vocación suelen ser personas frustradas y hasta se podría decir que «amargadas», que en algún momento expresan el malestar que les genera la situación a sus alumnos mediante reproches, castigos o falta de interés hacia ellos, por ejemplo. En casos extremos, incluso, se han llegado a producir episodios violentos en el aula.

No se puede decir lo mismo de los profesores con vocación. Al contrario, los alumnos se impregnan de esa buena energía que desprende el profesor y el ambiente en el aula es mucho más positivo y propicio, fomentando la empatía entre alumnado y profesorado y el correcto desarrollo educativo.

La odiosa comparación entre alumnos

Es algo que me da tremenda rabia, te lo digo en serio. Recuerdo que esto era el pan de cada día cuando iba al instituto: en el aula, algunos profesores establecían como una especie de «jerarquías», dando a entender sin llegar a decirlo quiénes eran los «buenos» y quiénes eran los «malos», académicamente hablando. Hasta había tratos especiales. Parecía como si los que sacasen una determinada nota en adelante fueran los únicos modelos a seguir.

No discuto que estas personas no sean un buen ejemplo para aquellos que, por decirlo de algún modo, quieran o necesiten tener un referente para motivarse a su mejora personal; pero sinceramente, considero que hay un trecho entre tener a un compañero como referente y pensar que es un dios que todo lo puede y solo él hace las cosas bien (como si no fuera humano y nunca se equivocase). Aparte, el hecho de sacar buenas notas no convierte a uno en mejor persona, por lo que eso de «modelo a seguir» sería muy cuestionable.

 En la misma línea, considero que no sería bueno para el resto de alumnos porque desencadenaría en una frustración constante y una consecuente falta de autoestima, algo que se arrastra hasta la edad adulta en muchos casos. Tampoco pienso que fuese bueno para el alumno que toman como referente ya que, de alguna manera, se le está poniendo sobre sus hombros una carga muy grande y, si en algún momento baja ese nivel tan alto que se le ha puesto (por ejemplo, que suela sacar 9 en los exámenes y que de repente en uno saque un 6 o 7), ese alumno e incluso todo su entorno lo pueden llegar a vivir como un tremendo drama, lo cual es completamente innecesario porque no deja de ser una persona que tiene sus altibajos y esa bajada puede darse por muchos motivos.

Un pequeño storytime

Si me lo permites, te voy a contar dos ejemplos de esto basándome en mi experiencia personal:

Cuando nos daban las notas de algún examen, todos los compañeros tenían la costumbre de preguntarle al de al lado qué sacó, y se comparaban los exámenes para ver qué había puesto uno que el otro no. A mí eso me generaba ansiedad porque, aunque no me considero una mala alumna en ningún aspecto, me hacía sentir comparada en exceso y, si alguien me preguntaba la nota y veía que había sacado unas simples décimas más que yo, se le hinchaba el pecho cual pavo real y me hacía creer que yo, o bien era más tonta, o bien no había estudiado tanto como él/ella.

Además, otros profesores mandaban a ciertos compañeros repartir los exámenes de todos por lo que, evidentemente, veían las notas que habían sacado todos sus compañeros. Incluso, hubo algún profesor que las decía en voz alta. A mí nunca me gustó eso. Soy bastante celosa de mis notas, independientemente del resultado (y como a mí, supongo que a más personas les ocurrirá lo mismo); así que yo siempre pedía que la mía no la dijese en alto o que, en el caso de que algún compañero las repartiese, que yo pudiese acercarme hasta la mesa del profesor para verla. Recuerdo que había compañeros que hasta me miraban del revés, como si estuviese haciendo algo malo, y nunca entendí por qué. ¿Qué les importaba al resto que yo hubiese sacado un 7 o un 10? ¿Suponía eso alguna diferencia en sus vidas?

 Por otro lado, una vez, una persona que académicamente se consideraba bastante buena había sacado un 8 y pico en un examen que habíamos hecho de una asignatura de ciencias, mientras que yo, que aunque no era mala estudiante no estaba «dentro de ese ranking», había sacado un 9,95. ¿Problema? Ninguno. Pero esa persona era tenida como el «modelo a seguir» por profesores, compañeros y hasta padres de compañeros. En consecuencia, aunque su nota no era para nada mala, no le hizo ninguna gracia que le hubiese superado en ese examen.

 Por todo esto, opino que es realmente importante enseñar en las aulas que cada uno es único, irrepetible e inigualable; que las notas altas están muy bien, pero no son más que un número sobre un papel y que nosotros somos mucho más que eso, afortunadamente; y que el único afán de superación que debería existir es de superación a uno mismo. Esto rebajaría la tensión que muchos alumnos tienen o su entorno le inculca por alcanzar esa perfección inexistente, además de fomentar el respeto por las diferencias de cada uno.

Para terminar (prometo que ya te dejo en paz)

Me gustaría concluir este artículo con dos frases que pienso que resumen muy bien las ideas importantes de este tema. La primera es de la psicóloga educativa María Jesús Campos (2018): «las comparaciones son odiosas, en muchas ocasiones, pensemos, analicemos y reflexionemos sobre el tipo de comparación y si realmente es necesaria. Igualmente, ayudemos y orientemos a los menores para que se valoren como son y no busquen continuamente la comparación».

Esta otra es de Carla Valverde, psicóloga clínica infantil y juvenil: «cada niño es único y tiene sus propias características individuales, cualidades y habilidades. Es muy importante que los niños aprendan a quererse y aceptarse tal y como son para que desarrollen una buena autoestima» (citado en Pinedo, 2019).

¿Te ha parecido útil lo tratado hoy? ¿Qué opinas al respecto?

¿Quieres compartir tu experiencia? Siéntete libre, aquí no hay juicios. Te leo.


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